La Semana Santa

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La semana pasada nos fuimos de vacaciones de Semana Santa a una playa en la Riviera Maya donde tenemos unos bungalós a las orillas del mar , unos bungalós que construimos hace ocho años donde vamos con varios invitados año con año. Un lugar que ha resultado ser un verdadero sueño hecho realidad.

Si bien he dicho que la experiencia en los bungalós es una extraordinaria , debo decir también algo implícitamente , que cada año dicha experiencia es aun mejor que la anterior aunque todas son bastante parecidas. Sin embargo esta vez fue muy distinta ya que despertó en mi algo extraño que dormía desde el día de mi bautismo.

Todos los años vamos en la misma época del calendario , es decir , cada que hay Semana Santa ya que durante el verano la familia viaja a otros lados y en invierno , aquí en la Riviera Maya es tiempo de lluvias , lo que significa que la humedad aumenta substancialmente , ergo hay muchas complicaciones para aquellos no aptos para las condiciones selváticas como yo ya que aquella época del año es también una de mucho mosquito , algo con lo que yo simplemente no puedo lidiar.

Cada que vamos , debido a que es Semana Santa, vamos a una misa que se celebra en la ciudad de Cancún donde siempre nos encontramos con muchas amistades (aunque cada vez va menos personas ) para después ir a cenar a algún restaurante o ir a algunos bares , algo que ahora entiendo la gravedad de la acción.

Este año , decidí tomar otra rutina  y llevar a mi familia a una misa que se celebra en un pueblito muy cerca de nuestros búngalos , algo que termino siendo una experiencia completamente distinta de aquellas que había tenido en el pasado basadas en un comportamiento automático e inconsciente que no entendía lo que estaba haciendo.

 

Esto lo digo debido a que en mis años anteriores la Semana Santa era para mi tan solo una buena excusa para obtener unas vacaciones , aunque siempre , como ya lo he mencionado , procuraba atender a la misa , siendo algo que me causaba una fatiga tremenda.

Esta vez , por alguna razón , mientras se recitaban los evangelios bajo la luz llena de la luna sentado en las butacas de una humilde iglesia comencé verdaderamente a meditar en lo que aquel sacerdote extranjero decía.

Comencé a meditar los evangelios y por alguna razón mi mente se fue con cada uno de los apóstoles mientras escribían sus evangelios a una edad ya avanzada , grabando en pergaminos de piel su experiencia personal con un hombre que cambio al mundo y cuyo nombre hoy en día y por los pasados cientos de años divide el tiempo entre antes y después de El.

En ese momento mi percepción cambio al comenzar a verdaderamente vivir la Semana Santa durante la cual Jesucristo fue entregado , crucificado y resucitado para a enviar a estos hombres a dar testimonio de la voluntad de Dios.