Al migrar

Mi familia y yo hemos decidido irnos a vivir Canadá lo más pronto posible, ya que al mirar al futuro, no vemos nada bueno aquí, debido a que nuestro país, por desgracia,  padece de una infección mortal, una que casi ningún doctor puede curar, lo que penosamente ha impulsado a muchos  a abandonar su país natal, como le ha pasado a muchos individuos en muchas partes del mundo en muchas épocas.

No obstante, el mudarse de un país a otro y levantar el ancla que alguna vez habíamos enterrado en la tierra no es cualquier cosa y uno debe de ser muy práctico y activo para hacer este proceso rápido y lo menos complicado posible y sobretodo nunca ver atrás, sino solo hacia el frente.

24-de-agosto_-emigrar-300x183Antes de tomar ninguna decisión es importante consultar esta idea con nuestra familia y saber cómo ellos y ellas se sienten al respecto de emigrar de casa hacia otro país completamente diferente.

Algunas veces la familia no estará de acuerdo, aunque las posibilidades futuras se vean más atractivas detrás del horizonte.

Otras veces, algunos estarán de acuerdo, mientras que otros u otras no lo estarán y habrá que tomar una decisión que beneficie a toda la familia o todos cooperar para que las cosas funcionen adecuadamente.

En otros casos, la familia estará de acuerdo con la decisión y las cosas serán más fáciles, esto generalmente sucede cuando el país donde se reside no proporciona las condiciones básicas de supervivencia y donde no se puede confiar en nadie y mucho menos en las autoridades, factores que hacen completamente válida la retirada, ya que como bien se dice en oriente “Es mejor retirarse con honor que avanzar en desgracia”.

Una vez que la decisión está tomada, el siguiente paso es ver de qué se va a vivir en el país adoptivo, donde aterrizaremos para formar un nuevo futuro en las entrañas de otras tierras.

Generalmente es muy bueno poner las propiedades que tengamos en nuestro país en renta, de este modo siempre habrá flujo de dinero cayendo a nuestros bolsillos, mientras arreglamos papeles para poder laborar en aquel país y o abrir una compañía.

Una de las cosas que más me costó trabajo fue el cómo vender mi empresa, para de este modo poder invertir o abrir un negocio en nuestra nueva ciudad.maleta

Sin embargo, todo cambió cuando contraté a algunos asesores de Zimma, quienes me arreglaron la situación en un muy corto periodo de tiempo, al vender mi compañía a mejor precio de lo que esperé y otorgándome muchos beneficios que previamente no había visto.

El último paso es encontrar un buen lugar dónde vivir en nuestro nuevo país, por esto me refiero a una casa o apartamento que nos convenga bien a todos para empezar con el pie derecho y hacer fuertes las primeras piedras de nuestra futura catedral.

Finalmente, debemos de entender que aunque hemos de mantener nuestra cultura en casa, debemos mezclarnos en la cultura del país que nos recibirá, honrarlas y repetirlas para contribuir con el bienestar de nuestro nuevo país.

Si no tienes todo, al menos habrá para empezar

En mi trayectoria como coach de profesionistas y empresas, he escuchado acerca de toda clase de problemas y obstáculos que enfrentan las personas para desarrollarse plenamente en el ámbito profesional, lo cual a su vez tiene repercusiones en sus vidas personales, familiares y sociales.

Un buen número de personas no están satisfechas con sus empleos; la carga excesiva de trabajo, los bajos sueldos y la incomprensión de los jefes son algunos de los principales inconvenientes. Otras disfrutan de su trabajo, o por lo menos no lo alucinan, y reconocen que de él obtienen una retribución justa para llevar una buena vida. Sin embargo, tampoco se sienten del todo realizados, pues o bien trabajan en algo totalmente distinto de la profesión que habían elegido, o bien sienten que no están desarrollando al máximo su potencial.

E incluso quienes parecen tener el empleo soñado, en el que hacen exactamente lo que les gusta, tienen un buen salario y prestaciones y no están sometidos a una presión excesiva logran encontrar el famoso “negrito en el arroz”; ya sea la conflictiva ubicación de su lugar de trabajo o la excesiva distancia entre el hogar y la oficina, que hace de los traslados una verdadera pesadilla, o los pequeños pero constantes roces con algún compañero.

Cuando pregunto a las personas que tienen aunque sea una mínima queja de su situación laboral, por qué prefieren continuar en ella, en vez de buscar un cambio, la lista de obstáculos, por no decir pretextos, alcanza niveles alarmantes. “Pero, ¿qué voy a hacer, si no hay empleo? Ya ves cómo está la situación.” “No hay oportunidades para mi profesión, o para gente de mi edad.” “¿Y si no encuentro algo mejor?” “En fin, más vale malo por conocido…”.

En efecto, las personas terminan por convencerse de que las cosas no están tan mal y así se resignan a continuar con algo que, en el mejor de los casos, no es la situación ideal y en el peor, constituye una auténtica tortura.

Estas experiencias también me han mostrado que el mayor temor de todas las personas que prefieren el mal menor a la posibilidad de un cambio, es la incertidumbre. No se animan a cambiar de trabajo, de casa, o a emprender por cuenta propia, porque no tienen las suficientes garantías de que la nueva opción funcionará o porque no creen contar con todo lo necesario para poner en marcha sus iniciativas.

Lo que acostumbro decir a mis clientes en esos casos es que les tengo dos noticias y que ambas son buenas. La primera es que nadie, ni siquiera los más grandes genios, ha tenido la completa certeza de que sus planes y proyectos funcionarán. De hecho, muchos de los artistas, científicos, inventores o ideólogos, a quienes debemos los grandes logros de nuestra civilización, debieron enfrentar duras adversidades e incluso murieron sin tener el debido reconocimiento a sus conquistas. ¿Por qué ésta es una buena noticia? Porque muchos de los que se han arriesgado, a pesar de tener todo en contra, sí han alcanzado sus metas o se han acercado tanto como les ha sido posible.

La segunda noticia es que nadie, salvo, quizás, los hijos de reyes o magnates, ha tenido todos los recursos que necesitaba a su disposición para empezar un negocio, construir un prototipo o trasladarse al otro lado del mundo, porque ahí es donde se encontraba su objetivo. Quienes hoy son dueños de grandes marcas, empresas o corporativos, empezaron en una pequeña oficina, en un taller, o en un aula universitaria, como la mayoría de nosotros.

Cuando algunos comentan que ésas son famosas historias de éxito que sólo les pasan a unos cuantos, yo respondo con un par de ejemplos que me han dado mis vecinos. Uno de ellos se animó a emprender un negocio que lo mantiene activo y le da tranquilidad, con el dinero que obtuvo de su jubilación. El otro quería iniciar un servicio de traslados ejecutivos, pero no tenía suficiente capital para comprar varios vehículos; así que alquiló un buen auto, en un plan de leasing; empezó a brindar sus servicios entre oficinistas y empresarios de la zona; pronto se hizo de una pequeña, pero estable cartera de clientes y gracias a la constancia y el ahorro, pudo crear un fondo que le permitiera rentar más autos. Hoy tiene una pequeña flotilla.

La diferencia entre esas personas y quienes eligen el “malo por conocido” no es el talento, la suerte, ni el dinero; es la capacidad de vencer los miedos, tomar riesgos y aprovechar lo que se tiene.

Esto último es algo en lo que hago mucho énfasis durante mis charlas de coaching. Pido a mis clientes que hagan una lista, en la mente o por escrito, de todos los recursos con los que cuentan para iniciar el proyecto de sus sueños; insisto en que no sólo piensen en recursos materiales, sino que consideren capacidades y talentos. Así verán que probablemente no tengan todo, pero seguramente cuentan con algo para empezar.